Conocer y pensar
Aprender, analizar, preguntar, contrastar, reflexionar y desarrollar criterio propio.
Cómo funciona
Primero aprendes a observarte.
Después utilizas una herramienta visual para reconocer con qué recursos cuentas.
Vas anotando lo importante para no depender solo de la memoria.
Y, con todo ello, construyes un plan concreto que después pones a prueba y revisas en tu vida real.
01
A esto se le llama metacognición.
Dicho en sencillo: aprender a darte cuenta de qué estás haciendo, qué te está ayudando, qué te está frenando y qué decides hacer después.
No es una teoría que tengas que memorizar.
Se practica con una pregunta que vuelve una y otra vez:
¿Qué puedo aprender sobre mí de lo que acaba de ocurrir?
Lo que trabajamos no son cuatro conversaciones sueltas.
Es una manera de proceder que después puedes volver a utilizar sin mí.
Los pasos son comunes; el recorrido es único.
02
Durante el proceso utilizamos CoEquipo, una herramienta visual que te ayuda a reconocer qué recursos aparecen hoy más disponibles en tu manera de funcionar y cuáles utilizas menos.
No pretende definirte.
Sirve para darte un punto de partida desde el que observarte y empezar a hacerte mejores preguntas.
Aprender, analizar, preguntar, contrastar, reflexionar y desarrollar criterio propio.
Priorizar, planificar, sostener el esfuerzo y convertir intenciones en acciones.
Escuchar, expresar, conectar, cuidar y percibir lo que ocurre con otras personas.
Abrir posibilidades, relacionar ideas, explorar alternativas y probar nuevas maneras de hacer las cosas.
Estos ámbitos no describen tipos de persona.
Son capacidades que todos tenemos y que cada uno ha ido desarrollando y utilizando de una manera particular.
La pregunta no es:
«¿Qué color soy?»
Sino:
«¿Qué recursos utilizo con más naturalidad, cuáles uso menos y cuándo me ayudan o me frenan?»
Lo que aparece aquí no es una etiqueta ni una conclusión sobre ti.
Es una primera hipótesis para empezar a observarte mejor.
La herramienta abre preguntas. La vida real las contrasta. Tú construyes el aprendizaje.
03
Durante el proceso anotas solo lo importante: qué ocurrió, qué hiciste, qué resultado tuvo y qué aprendiste de esa situación.
Así, cuando revisamos, no dependemos únicamente de la memoria o de cómo te sientes ese día.
Trabajamos con situaciones reales y evidencias concretas.
También podemos comparar qué cambia entre una asignatura y otra, cuando estás cansado o en una semana de mucha carga.
El tiempo entre sesiones forma parte del proceso: necesitas volver a tu vida para comprobar qué ocurre realmente.
04
Con todo lo anterior construyes un plan breve y realista: un objetivo, los pasos, el plazo, lo que tienes a favor, lo que puede complicarlo y una forma concreta de comprobar si está funcionando.
Después lo revisamos.
No para ponerte nota, sino para decidir: qué mantienes, qué cambias y qué has aprendido sobre tu manera de avanzar.
No. No mide ni clasifica. Es una herramienta visual para empezar a hablar de qué recursos tiene cada estudiante más a mano en este momento.
No. No son etiquetas, ni tipos de inteligencia, ni partes del cerebro. Nadie es «de un color»: todos usamos los cuatro, unos más que otros.
Son unas pocas líneas después de estudiar o después de una situación concreta. Lo que importa es la constancia, no la extensión.
El estudiante. Yo ayudo a que sea concreto y realista, pero las decisiones son suyas; si no lo son, no las sostiene.
Entonces hay algo que aprender. La última sesión existe precisamente para eso: ver qué pasó, por qué y qué conviene cambiar.